Ante el circo electoral: La Reunión (cuento)

 

Estaban tensas las cosas ese día. 1328733035081Nadie esperaba que una simple reunión, que no tenía mayor injerencia y que en verdad era hecha por compromiso, terminara de tal manera. Como todos los viernes, a las 8 de la noche, el sindicato de la industria se reunía. Casi siempre la sala de la sede sindical lucía vacía para estas juntas. Con suerte se reunían 10 trabajadores. Los demás preferían irse a sus casas, el tiempo libre es valioso para cualquier trabajador, y la familia es prioridad. Sin embargo ese día no era un viernes cualquiera, se respiraba tensión y un ánimo que se experimenta cuando se va a producir un hecho que quizás, en el mejor de los casos, cambie la vida de un momento para otro. Ese día viernes se cerraban las campañas de los políticos, ya que el próximo domingo se sabría quién sería el nuevo Presidente de la república.

Y bueno, la reunión tenía ese motivo. Por alguna extraña razón, en estos 4 años predecesores, los obreros de dicha industria se habían, por decirlo de alguna manera, politizado. Una huelga de 40 días había azotado a los dueños de la máquina, y aún se recordaba con orgullo ese triunfo que habían conseguido los trabajadores al subir su sueldo en un 7%, sin contar el bono de término de conflicto que ascendía a 150.000 pesos (una cosa poca decían algunos, sin ocultar el evidente tono irónico de esas palabras). Lo cierto es que se sentía que en esta elección se podían lograr cosas grandes. Ya no daba lo mismo, ahora se jugaban cosas mayores, no era un simple presidente, sino que un proyecto político.

Y como en todos los lugares del mundo, aquí existían diferentes opiniones. Estaban los que les daba lo mismo, es cierto que eran mayoría, ellos solo trabajaban, pero muchos de ellos seguían a la masa, o más bien dicho, por el candidato del amigo. Había otros que creían que Piñera lo hizo bien, mal que mal, había pega, un lujo en estos días, por lo que querían a Mathei, y estaban los otros, que apoyaban a Michelle Bachelet. Según estos, la tía bache, como le decían con cariño, cambiaría las cosas.

Entre toda esta mezcla política algo extraña, estaba un tipo, siempre callado, buen trabajador y ejemplo a seguir. Participaba en el sindicato pero con un rol secundario y todos lo estimaban porque lo encontraban sincero, sabían que las pocas palabras que decía las sentía de corazón. Y por eso mismo dicho día lo escucharon con mucha atención, y algunos quedaron convencidos de lo que dijo. Resulta que este tipo callado, sumiso y tímido, era todo un rebelde en el exterior. Era conocido en la población, en el centro social, en las manifestaciones destacaba y entre los compañeros anarquistas que tenía, ya que era ferviente seguidor de aquellas consignas extrañas, era admirado por su bravura a la hora de hablar. Había caído detenido muchas veces, una por pelear con un carabinero, otra por insultar a un cura que caminaba pasivamente por la calle, otra por asistir a una funa al Presidente, otra por que un policía lo reconoció y le cargo la “sospecha”. Las otras veces no me acuerdo porque cayo, pero siempre con cosas relacionadas con la propaganda, nunca robó a nadie ni hirió a un ser inocente, solo a los culpables de la injusticia mundial, ya que un policía tiene harta culpa de eso.

Ese día los trabajadores vieron la real cara de ese muchacho. Lo escucharon hablar de la explotación del hombre por el hombre, de la injusticia social, del conflicto mapuche, de los niños del sename y de la dictadura. También oyeron por ahí que Bachelet había matado a un trabajador como ellos, Rodrigo Cisternas, y que a su funeral asistieron más de 25 mil obreros, como ellos. También escucharon que Mathei había apoyado a la dictadura y que cuando era ministra del trabajo sirvió a los empresarios y no a los trabajadores, como supuestamente debe hacerlo una ministra de esa cartera. Y finalmente oyeron que ir a votar era una pérdida de tiempo, que los cambios se hacían en la calle, movilizándose como en la huelga que levantaron por 40 días. Solo así se cambiaban las cosas.

Los trabajadores, estupefactos, no reaccionaron, hasta que uno comenzó a aplaudir, transformando la sala en un eco de aplausos que rebotaban en todas las direcciones. No se decidió nada en dicha reunión, pero por fin alguien había expresado lo que pensaban.

Escrito por Cristian Battaglia.

Publicado en El Sol Ácrata N° 21, noviembre de 2013

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